viernes, 5 de julio de 2013

¿De verdad lo creías?


02:32. Me di la vuelta. 02:33. Suspiré y me senté en la cama, pasé una mano por el alborotado y despeinado del cabello. Lo único que se oía eran los gritos de un borracho al final de la calle y el sonido repetitivo del tic tac del reloj de la pared, que se encargaba de reflejar la monótona espera para que volviera a casa.
Me costó conciliar el sueño de nuevo, la cama tan grande se sentía tan vacía y aquello resultaba un tanto incómodo. La idea de tener que dormir sin él a mi lado hizo que mi corazón se agitara y me doliera un poco. Me sentía sola, vulnerable.
Volví a darme la vuelta, y noté que el colchón, ya desgastado por el uso se había hundido un poco, y una silueta se dibujaba a mi lado. Pasé la mano a través de las sábanas, como si trazara ligeramente la curva de su suave espalda. Su olor todavía persistía en el tejido de algodón suave, incluso después de estar semanas lejos.
Cerré los ojos y el olor hizo más fácil imaginarlo allí, con la cabeza apoyada en la almohada. Sus ojos verdes mirando directamente hacia mí, sus suaves labios curvándose en una sonrisa gentil. Casi podía sentir su aliento cálido en mi cara y el sonido de los latidos de su corazón acelerando a medida que sueño con besarlo.
El dolor en el pecho se hacía más fuerte. Le echaba tantísimo de menos.
Sin previo aviso, una sirena a pocas calles de distancia rompió mi sueño y me recordó que no estaba ahí conmigo. Estaba sola. Me di la vuelta y mire el reloj, 2.35, estaba siendo una noche muy larga. Decidí caminar alrededor de la cama, esperando que este movimiento me cansara lo suficiente para hacerme dormir. Estaba exhausta, fatigada, pero, por más que lo intenté, no pude dormir, no sin él. Me levanté de nuevo, y me dirigí al otro lado de la habitación, con cuidado de no tropezar con las montañas de libros y ropa que se habían amontonado en el suelo en los últimos días. Nunca había sido una persona ordenada como tal.
La casa tenía un ambiente inquietante, demasiado vacía. Cada leve movimiento arrojaba grandes sombras contra la pared, el crujido de las tablas de madera del suelo que me abrían camino por las escaleras parecía mucho más fuerte de lo habitual. Sentí el frío de las baldosas de granito de la cocina en mis pies descalzos. Conseguí una taza en lo alto de la despensa, y encendí la cafetera. El ruido de la máquina me sobresaltó, demasiado fuerte en comparación al silencio casi absoluto.
Necesitaba algo para enmascarar la soledad que se entrelazaba con la quietud. Me fui a otra habitación y cogí la cinta de la mezcla de música que estaba sobre el equipo de música. Una fina capa de polvo se había empezado a formar sobre ella. “Para ti, con todo mi amor. Porque la música nos hizo saber que lo verdadero, durará siempre” estaba manuscrito en una pequeña tarjeta.
Abrí la cajita de la cinta y puse ésta en el equipo de música, apreté el botón de “Play” dejando que las canciones que habían marcado nuestra relación llenara el ambiente. La familiaridad de la música alivió mis nervios; me hizo sentir más relajada y menos sola.
Olvidando por completo que había encendido la cafetera, empecé a bailar alrededor de la cocina, mi cuerpo se movía en perfecta sintonía con la música. Cantar al ritmo de las palabras que conocía tan bien, recuerdos aparecieron en mi cabeza, recuerdo que hizo que mi dolor en el pecho se hiciera notorio de nuevo. Necesitaba sentirme entre sus brazos.
Los recuerdos me transportaron hasta el momento en el que nos conocimos, cuando nos besamos por primera vez, cuando me había regalado esa cinta…
El sonido de la puerta me asustó, era tarde. Pero cuando me giré hacia la entrada, allí estaba él, de pie en la puerta, se apoyó contra el marco con los ojos en mi, solo me miraba con una sonrisa en los labios mientras sus ojos me miraban de arriba abajo. Parecía cansado, su cabello estaba mucho más corto.
Pensé que eso podía ser sólo parte de mi imaginación, pero luego se trasladó hacia mí y me mantuve cerca. Susurró un “te he extrañado” en mi oído. Mi mente volaba, mi corazón latía con tanta fuerza, pero ya no dolía. Su repentina aparición me había tomado por sorpresa, antes de poder preguntarle el por qué de su vuelta, sus labios se habían estrellado contra los míos. Pronto su cálida lengua explotó en mi boca, bailando casi al ritmo de la música que sonaba. Con el reverso de su mano acarició mi mejilla.
Su almizclado perfume me envolvió, respiré profundamente mientras sus manos se movían a alrededor de mi cintura y comenzó a besar apasionadamente el cuello. Cada beso envió un nuevo cosquilleo por todo el cuerpo, provocando un gemido escapar de mis labios. Rió y continuó besándome, moviéndose más y más en mi cuello. Sus manos se habían movido de mi cintura ahora, y estaban empezando a levantar la camisa que llevaba, revelando mi piel debajo, lo que hizo escapar una risita de mí. Los dos queríamos, había estado fuera por un tiempo pero, antes de hacer algo más, él movió su cabeza hacia atrás hasta mi oído de nuevo y  murmuró: "¿De verdad creías que me perdería nuestro aniversario?”

2 comentarios:

  1. Hola quiza no me recuerdes pues me ausente muchooo tiempo pero esa es una historia que luego te contare por ahora solo te digo que me encanto demasiado fue muy dulce y grafico todo cada paso cada movimiento carisia todo no se quiza solo fui yo pero me fasino cada detalle porque lo pude imaginar hacer mi propia vision de lo que escribiste eres muuuy buena escribiendo es casi magico de verdad que me gusto mucho espero lo sigas haciendo tienes demasiado talento

    ResponderEliminar
  2. Ya extrañaba leer tus historias, en la manera q lo haces es muy fácil transportar la imaginación a otro universo, el que tú creas con tus líneas.

    Vecky*

    ResponderEliminar